lunes, 10 de enero de 2011

La Reina Batata no se abatató... se fue de gira

Desde la infancia de mis hijas, hoy treintañeras, hasta la inocencia de mis nietas y colándose en la amarga frustración de mis 90, María Elena tuvo un lugar en mis canciones de cuna, en mis juegos de mami y de abuela, en mis espacios para desintoxicarme de la vulgaridad barata e inculta que supo infectar la radio y la TV de la mano de una censura estúpida.
Y hoy, se fue. Dejó esa osamenta impiadosa que le hizo conocer el dolor y la postración. Pero nunca la enfermedad destruyó el espíritu y siguió regalando esa sonrisa mansa y sabia, de mujer conocedora de todos los caminos, de poeta inspirada vistiendo de ilusión las fealdades que los hombres sin razón inventan para sojuzgar, prohibir, aboliendo libertades, fogoneando prejuicios, metiendo miedo al diferente, discriminando y exorcizando la belleza, el arte, la cultura.
Como a tantos otros artistas, seguramente se esperaba la muerte para reconocerla y apreciarla. No es así. Hay generaciones que hoy, en todas las confesiones y varios idiomas y varios países del globo donde sus seguidores residan, mirarán al cielo con agradecimiento y ternura, entonarán las estrofas de alguna canción, pondrán sus discos y CD y sentarán a los pequeños de la casa en las rodillas para contarles la historia de Manuelita... Y desde ese Mundo del revés que tanto nos dibujó para provocarnos esperanza y amor, ella nos mirará con esos inolvidables ojos azules y sabrá que nunca desaparecerá... solamente saldrá de gira.
Hasta siempre, y gracias Maria Elena. Ahora te toca derramar tu poesía entre los angeles.

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