jueves, 18 de noviembre de 2010

Educar al soberano

Nunca creí que la política sería tan interesante y hasta apasionante. Es el teatro donde se desnudan las acciones humanas, desde obras de arte hasta las más horrendas producciones del espíritu. La gama de sentimientos mostrados es amplia y diversa y tenemos la suerte, o la desgracia, de verlas en vivo y en directo, a medida que se van produciendo, sin maquillajes ni alteraciones y frente a los ojos de todos los espectadores, por radio, por TV, en blogs, twitters, grafitis.
Cada día nos enfrenta a la admiración provocada por actores sociales y políticos con garra de estadistas, peleando contra emporios de todo tipo para conseguir que los proyectos basados en privilegiar la libertad, la igualdad, la equidad, la inclusión sean un derecho universal. En la vereda opuesta, hay otros actores que empuñan las armas para tratar de imponer un sistema donde los privilegios de clase sean para un grupo selecto, con tradición de poder económico y manipulación de las leyes en beneficio propio.
Durante estas décadas de democracia, los argentinos hemos recuperado el derecho y la costumbre de votar y elegir a nuestros representantes. Lo cual no es lo mismo que haber aprendido a hacerlo. Ya sea porque las campañas pre-electorales se basan más en aspectos frívolos del candidato, que en los contenidos programáticos del partido al que representan. Y tratamos, acuciados por los medios parcializados y tendenciosos, de votar por el menos peor. Hasta nos permitimos olvidar los gobiernos anteriores del mismo signo, cayendo en el peligro de dejarlos repetir los mismos errores que los hicieron fracasar. Y tampoco chequeamos el currículum de cada candidato. Porque parecen todos nacidos antes de ayer, limpios, impolutos e inocentes como un recién nacido. Nadie ejerce la memoria. Nadie corrobora ni ratifica ni rectifica.
Es el único motivo por el cual hemos llenado el Parlamento con tales esperpentos, cuyo único objetivo es saborear el poder, deleitarse con la fama de las cámaras "amigas", obstruir cada propuesta superadora que llegue de otro partido en la seguridad de no ejercer nunca la máxima magistratura y así, no hacerse responsables de ningun fracaso porque "ya les dije que ésto no va...me siguen?".
Mientras tanto, una diputada que supo ser funcionaria menemista y delarruista acaba de decir que ellos (la CC) no pudieron discutir la Ley de Medios "porque cuando íbamos a presentar nuestro proyecto, nos cerraron la ventanilla". Tal cual: programa canal 26 con Liliana López Foressi. La diputada Bulrrich no se enteró que durante 3 años hubo foros, debates,etc. Y así trata todos los temas. Un día reconoce "ingenuamente" que si no montaban la opereta de los aprietes, perdían la votación y al siguiente, se rasga las vestiduras con la falta de institucionalidad.
La otra diputada, que fue elegida para presidir la comisión de Asuntos Constitucionales nada menos, se "desborda" y usa el pugilato grotesco y cobarde para fijar su posición legislativa.
Amigos bloggueros, propongo que empecemos a educarnos para que la próxima votación legislativa ( la presidencial ya está cerrada con holgura y con plena victoria para el pueblo ) nos encuentre atentos, informados, coherentes en no hacer entrar legisladores sin trayectoria, sin inteligencia ni capacidad, con pasados funestos y debiendo favores a los vende patria de siempre. De cualquier color político, de cualquier partido. Porque la política debe ser, nuevamente, debate, cambio de ideas, negociación proactiva, militancia.
De esta crisis parlamentaria saquemos una oportunidad: la de reconocer los méritos y desventajas de propios y ajenos. No creo que sea suficiente tener una Presidenta jugada, comprometida y acompañada por sus ministros y los militantes. Sin vicepresidente, con un Congreso opositor por la negativa y sin ideas, con operadores políticos y económicos ensañados en volver al pasado, nadie podrá mantener este rango de eficacia. Nos están necesitando. Desde el lugar que cada uno ocupe. Desde aquí, aunque parezca que escribir un blog sólo sea un acto de solitaria catarsis.
No lo es.

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